Abend van Dalen nació extranjera

Raquel Abend van Dalen, escudriña, estremece y calienta la sangre. En Sobre las fábricas deja ver en cada verso su manera de distinguir la ciudad, la muerte y el sentirse extranjera. El poemario publicado  en New York por Sudaquia Editores resultó ganador de la Mención Honorífica del XIII Concurso Transgenérico Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana en 2013.

Hay cuatro partes en Sobre las fábricas (2014), que en lugar de títulos emplea versos de: Wislawa Szymborska, Hanni Ossott, Vicente Huidobro y María Zambrano. Siendo la ciudad uno de los principales temas que la autora aborda con dolor, sintiéndose presa y extraña en espacios, calles y edificios que lucen como un cuerpo envejecido que ensombrece la vida de sus habitantes. Así se lee en el poema II: “Las ciudades /se vuelven piernas sin huesos, / barcos de luz artificportada-sobre-las-fabricas-cover-bookial, / hoteles de vidrio que flotan / (¿existe algún edificio que no sepa volar?)”.Abend van Dalen también es autora de la novela Andorpublicada por  Bid &Co en 2013 y pronto publicará otra obra narrativa, Cuarto azul. Esta caraqueña manifiesta con notable elegancia su madurez como poeta. Desde la publicación deLengua Mundana (Común Presencia Editores, 2012), ha crecido significativamente. En Sobre las fábricas  se distingue más organicidad en cada poema. Ahora deja a un lado, los elementeos metafóricos de la sexualidad, el erotismo y el deseo para exhibir un ritmo más cuidado que da valor preciso a cada palabra y le permite exponer sus otras caras: la niña, la hija, la extranjera y la escritora.

La poeta describe una ciudad extraña, bestial, incapaz de hacerla sentir parte de ella: “No hay ciudad que sepa mantenerme tibia. / No hay momento hendido / que aprenda la disposición  / para un cuerpo ausente (…) // Quiero encontrar una ciudad / que aún sepa dilatarse en la catástrofe”.

Sin embargo, dicho desarraigo no se da solo por el hecho de que Abend van Dalen vive en New York, como se podría deducir en el poema XX: “Me escondo / en las sombras húmedas / de los rascacielos / huyo de ese instante / en que el día escapa de las ventanas (…)”,  sino de un elemento más íntimo que parte de su propio origen judío, la historia de su padre durante la  II Guerra Mundial. Un testimonio  del infierno en la tierra que vivieron  millones de seres humanos que fueron exterminados, deportados, desterrados, humillados y que  además condenó a miles de sobrevivientes a recordar día a día el terror.

La memoria debe mantenerse dispuesta  a contar el sombrío siglo pasado para que nunca más se repita y de esta manera defender con todo nervio, voz y brío, el derecho primario y sagrado de la vida. He aquí un fragmento del poema XIV: “1939. A mi papá le arrancan su tetero. La infancia / queda revuelta en leche rancia (…)”, “Tienen 24 horas para salir de Polonia. / Empacan latas, plumas de ganso. 10 medias en cada pie / Cruzan la frontera hacia Rusia. Río. Piel cruda.// Kazakhstan. Les cosen La Estrella de David en la ropa. Hambre y frío. Viven y sueñan como animales enclaustrados. Fábricas. Estajanovismo. Dormitan en las ruinas. Comercio ilegal. Quema de cuerpos”. Este poemario nos habla de las fábricas de exterminio que surgieron para acabar con la humanidad mediante delitos demoníacos que describió, el escritor y superviviente de Auschwitz, Primo Levi como la “locura geométrica” que se originó con el propósito de anularlos primero como hombres para después matarlos lentamente.

Con la carga de sus antepasados a cuestas, Aben van Dalen asume una extranjería heredada en los últimos versos del poema XLVI: “Nací siendo extranjera y he vivido /siempre con mis raíces absorbiendo / el agua amarga del trópico”.

Pero, de la misma manera existe la voz de la niña, de la hija, que busca la vigilia y el resguardo cuando son las siete de la noche: “quiero meterme de nuevo / en el útero de mi madre” o en los versos del LI donde dice: “Aún necesito manos maternas / que amparen lo heredado / respiración de una plenitud / que se haga traje de ciudad / paraguas / de una lluvia que da cuerpo / al reposo”.

Abend van Dalen finaliza su obra con la dualidad de la poeta y la narradora que, a su vez, representa cientos de personajes: En un día soy / dejada por el marido, / golpeada por la madre, sepultada por un extraño, / abandonada en un manicomio, tratada por cáncer, / encontrada muerta en un closet, exiliada de Corea / del Norte (…)” y asimismo la mujer que cree que en algún momento  “descubriremos que las tierras no pertenecen a nadie”.

Diosce Martínez

Publicada originalmente en Colofón Revista Literaria

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