Al filo, el periodismo poético de Miyó Vestrini

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Miyó Vestrini jamás dividió su oficio periodístico del poético, la escritura era su pasión y su territorio más seguro. Con la grabadora en la mano, la genialidad encendida y el verbo preciso iniciaba la conversación y rápidamente confrontaba al entrevistado para leerlo desde adentro y sacar su honestidad.

Vestrini, quien nació en 1938 en Francia con el nombre de Marie Jose Fauvelles Ripert, comenzó su carrera periodística en el Diario de Occidente, en los mismos años en los que formó parte del grupo Apocalipsis. Posteriormente decidió viajar a Caracas y empezó a trabajar en el periódico La República como reportera de la página cultural. Ya en El Nacional, con solo 29 años de edad en 1967, obtuvo el Premio Nacional de Periodismo. En 1979, con el suplemento para niñosEl Cohete repitió la hazaña. También ejerció en el Diario de Caracas y fundó su proyecto dominical, La Revista de Caracas.

Tras su muerte aparecieron varios libros, entre ellos, una recopilación de sus cuentos bajo el título Órdenes al corazón (2001), Todos los poemas (1994) y Es una buena máquina (2015), poesía inédita. Al filo (2015) es el primero que compila parte del trabajo periodístico de Vestrini. La editorial independiente Letra Muerta, bajo la dirección de la diseñadora Faride Mereb y la periodista Diana Moncada  después de una ardua investigación de archivo lograron reunir 16 entrevistas literarias publicadas por Vestrini entre los años 1980 y 1981 en el Papel Literario. De las cuales 14 formaron parte de su columna  Al filo de la medianoche  y dos más en este mismo marco temporal que no pertenecen a dicho espacio, pero que guardan la misma continuidad narrativa.

Estas entrevistas revelan personajes de la literatura, la televisión, la política nacional y hasta el dueño de una funeraría, allí aparecen: Caupolicán Ovalles, Elías Valles, César Cortéz, Alfredo Silva Estrada, Héctor Mayerston, José Barroeta, Baica Dávalos, Luis Camilo Guevara, Gustavo Pereira, Enrique H. D’ Jesús, Gustavo D. Carpio G, Gonzalo R. Cubillán, Carlos Contramaestre, Alfonso Montilla, Víctor Valera Mora y Hesnor Rivera.Además se incluyen fotografías poco conocidas de Vasco Szinetar, como la imagen del  poeta José “Pepe” Barroeta  sin cabello y de perfil que acompaña la entrevista “Violencia de lo escondido”. Al inicio del libro hay una copia de la publicación original  que  muestra a un Barroeta joven, con los ojos cerrados y alzando un vaso borroso en alguna estancia nocturna de París.

Al leer con detenimiento cada una de las entrevistas de Al filo se distingue la simbiosis periodismo-literatura donde la descripción y narración de los personajes se destacan por medio de breves esbozos poéticos que arman con belleza y naturalidad al ser humano, que Vestrini exponía a través de preguntas que liberaban las ideas y opiniones más íntimas. Esto se aprecia en “La nostalgia de no ser importante”, allí, la periodista anuncia con desenfado los temores del poeta Luis Camilo Guevara y la anécdota que permitió el encuentro de ambos: “el poeta que ve pasar su cadáver (…). Dicen que se asustó y le pidió a su amigo el Chino Valera (…) que volatizara la primera entrevista, para hacer otra más seria, más pensada”.

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Portada de Al filo, entrevistas literarias de Miyó Vestrini. Foto Ricardo Blasco / Letramuertaed.com

Vestrini era capaz de dibujarnos el ambiente cotidiano y sencillo que rodea a los entrevistados,  por ejemplo en “Memorias ajenas y memorias propias”, conversación que sostuvo con Hesnor Rivera escribe: “Marta Colomina, la esposa de Hesnor, está atareada preparando el almuerzo, cosa que confiesa, evita hacer habitualmente, porque el trabajo en la universidad no se lo permite”, y a continuación la periodista emite un juicio de inmediato que revela cierta complicidad: “en efecto, escribir algo tan importante como La Celestina Mecánica me parece reñido con los quehaceres de la casa”. Vale también nombrar la entrevista que le hizo a Víctor Valera Mora, “La poesía es un fusil”, donde presenta a un hombre que a pesar de ser conocido como un defensor de la militancia comunista sitúa a la poesía por delante de toda ideología política: “Sí, la revolución es necesaria. Pero, ¿a quién va a resolver eso que llaman la diferencia entre el reino de la necesidad y el reino de la libertad? Solamente la poesía”.

La periodista se concentra en mostrar  al ser, que sufre, sueña y teme, no a la figura pública. Es así como descubrimos a un Caupolicán Ovalles que confiesa el porqué de su obsesión con la historia: “Soy hijo de mi abuelo y no de mi padre. Y ese abuelo me hablaba constantemente del pasado todos los días”.

También, se valora en esta edición un diseño que juega con la disposición de los textos, la tipografía, experimenta con fotos e intenta a su vez evocar libros del siglo XIX consultados en el Archivo General de la Nación. El lector podrá descubrir en Al filo que Miyó Vestrini  no sólo nos heredó su poesía sino también una obra periodística que como bien expresa Moncada en la introducción “es tan extensa y versátil como desconocida”.

Diosce Martínez

Publicada originalmente en Colofón Revista Literaria

 

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