País mis muertos, la poesía de Yolanda Pantin

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Yolanda Pantin junto a dos de sus hermanos.

Yolanda Pantin desde el inicio de su obra  ha narrado la historia de su familia para cumplir con el mandato de su abuela, quien la eligió para que hablara por sus muertos. Con Casa o lobo (1981) funda una poética del país íntimo. En los poemas de este libro nos muestra el dolor de un pasado que se cae a pedazos como el adobe de la casa vieja y el olvido de la gloria de los caballos que criaban, como la leyenda del triunfador Gradisco.

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“El tiempo es largo y Venezuela es ancha”, mi lectura de Giraluna

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Fotografía de la colección Archivo Fotografía Urbana

Giraluna fue el primer libro de poesía que llegó a mis manos. Tenía 10 años en 1998. Mi abuelo José Rafael Camacaro era el dueño del libro, todavía hoy así lo reclama la firma verde que aparece en la primera página. A mi abuelo no lo conocí. Sólo tengo su firma impertérrita y las obras completas de Andrés Eloy Blanco en mi biblioteca, esa heredad de todos los días,  todo mi arraigo y todo el canto y el cuento de mi país en la sala de mi casa.

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La luz habita en el Litoral Central

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Litoral central, Sudaquia Editores

Armando Reverón se dejaba dibujar por el sol; pasaba horas batallando con la luz en Macuto hasta que su piel se tostaba. Llegó a decir que esta lo cegaba, enloquecía y atormentaba, pero algunas veces lograba domarla y convertirla en su alidada para así crear sus pinturas. Juan Luis Landaeta busca seguir a través de los 39 poemas que conforman su obra Litoral central, esa misma luz que encandiló a Reverón.

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En espera del tren

No comboio descendente

Vinha tudo à gargalhada.

Fernando  Pessoa

 

Bestia de fierro, antiguo heredero de viajes que fuerte traquetea. Desde Antonio Machado hasta Pessoa existen versos que detallan la simbiosis del tren y el pasajero, el primero  decía: “¡Este placer de alejarse! / Londres, Madrid, Ponferrada, / tan lindos… para marcharse. / Lo molesto es la llegada.” César Segovia no es ajeno a esa antigua relación hombre y máquina por lo cual en su poemario Próximo tren nos invita a viajar.

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Montreal

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Pont Jacques-Cartier,vue du tablier / Archives du port de Montréal

No soy el mismo de El Caín

en este punto del tiempo

mis manos tocan ramas secas

de árboles blancos

que susurran otra lengua.


Soy de esos cuyo cuerpo

no mece la brisa marina 

de la madre.

He tenido que huir sin que mis ojos

se despidieran de ella.


Salí  en la madruga

con mi maldición a cuestas

era la soledad o la muerte.


Soy un corazón en ruinas

que despierta acelerado

cada noche

por temor a que las aguas 

del Puerto ahoguen mi voz.


Pesadilla de tierra natal

creo estar en mi celda número 41.


La palabras de mi historia

se vuelven sombra

huyo, soy un condenado.


Diosce Martínez

Néstor Mendoza, pasajero de voz y gestos

Néstor Mendoza es un observador que transita en busca de rostros, gestos y actos. Aparta la carne y escudriña en el cansancio, la bondad y la tristeza. Sus versos se alimentan de lo cotidiano e íntimo.
Mendoza (Maracay, 1985), quien fue el ganador del IV Premio Nacional Universitario de Literatura Alfredo Armas Alfonzo, mención poesía, con su obra Andamios publicada en el 2012 por la editorial Equinoccio, presenta su segunda obra, Pasajero, con el nuevo sello de Dcir ediciones (fundado por el maestro Carlos Cruz-Diez y la poeta Edda Armas).

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Faride Mereb: “Es una buena máquina es completamente de Miyó”

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Faride Mereb, diseñadora y editora venezolana. Foto Freisy González.

Faride Mereb en un primer contacto habla poco, pero cuando se expresa sobre aquello que le apasiona el diálogo se extiende con brío e impulso. Cuando tenía 19 años y estudiaba diseño gráfico se acercó a la obra de Miyó Vestrini  por medio de una amiga. 

La niña de los carteles de Desaparecida que marcaron cada poste y pared de Valencia, Venezuela, homenajeó por primera vez la obra poética de Miyó en el año 2012, mediante una exhibición de carteles titulada El espacio de la palabra, para así emprender un largo recorrido que hoy se resume en inédito.  Sigue leyendo